Sobre Cris

Hiloos de vida - Cris

Cris Moltó
Psicóloga Sanitaria y de Emergencias
Especializada en Prevención del Suicidio, Intervenciones en Crisis, Catástrofes y Emergencias, Duelo y Pérdidas.

Soy Psicóloga Sanitaria y de Emergencias y acompaño a personas en momentos en los que la vida se vuelve especialmente difícil de sostener y, aún más, de sobrellevar.  

A lo largo de mi trayectoria profesional he estado muy cerca de situaciones de crisis, de dolor intenso y de pérdidas que dejan una huella profunda. Eso me ha permitido entender algo importante: que incluso en los momentos más duros, las personas tienen una capacidad enorme para seguir adelante, aunque al principio no lo vean.  

Estoy especializada en la prevención del suicidio y en el acompañamiento a personas y familias que se enfrentan desconsoladamente a la experiencia de haber perdido a un ser querido por suicidio y sus consecuencias. Es un dolor especialmente complejo, marcado muchas veces por el silencio, la angustia, la tristeza, la soledad, la impotencia, el enfado, la confusión y una necesidad insistente de respuestas que no llegan. Por eso, mi trabajo consiste en ofrecer un espacio seguro donde todo ello pueda ser expresado sin miedo ni juicio alguno, respetando los tiempos y la forma en que cada persona necesita transitarlo.  

Mi forma de acompañar es cercana, directa, muy presente y sosteniendo lo que duele. Me implico mucho en cada proceso y con cada persona, porque sé que en estos momentos no se trata solo de comprender lo que pasa, sino de no tener que vivirlo en soledad y haciendo todo lo posible por tener que soportar una vivencia tan devastadora que muchas veces desborda.  

Soy una persona dinámica, con mucha energía y una curiosidad incansable por entender mejor a las personas y cómo nos relacionamos con lo que sentimos. Esa forma de ser también está presente en cómo trabajo: con compromiso, con honestidad, estando ahí, donde la vulnerabilidad se hace más visible y sin mirar hacia otro lado cuando las cosas duelen.  

Más allá de la técnica, lo que me importa es favorecer que, poco a poco, lo vivido pueda ser integrado sin que el dolor lo ocupe o lo invada todo.  

Y sostener cada acompañamiento grupal, desde la fragilidad, sin prisa pero sin pausa.

Un poco más sobre mí, desde otro lugar.

A veces, hay cosas que no caben en una bio. Por eso te las cuento aquí, de otra manera.
"Voy a estar contigo también cuando no sepas cómo sostener lo que te pasa.”

Historia personal

¿Qué momento de tu vida te cambió profundamente?

No ha sido un solo momento. Han sido varios. Situaciones en las que entiendes, de golpe, que la vida se quiebra y que no siempre estás preparado/a para sostener lo que viene. Ese tipo de experiencias marcan un antes y un después. No solo por lo que pierdes, sino por lo que deja de ser dentro de ti. Y aunque asuste, también te obligan a mirar de frente lo que hay y a entender quién eres realmente cuando todo se tambalea.

Relación con el duelo

¿Qué aprendiste del dolor que no te enseñó nadie?

Que no hay una vara de medida válida para compararlo. El dolor es tan único como personal. Y que intentar evitarlo o hacerlo desaparecer suele hacerlo más grande. El dolor no siempre necesita respuestas. Necesita espacio. Y aunque incomode y nos deje sin aliento debemos encontrar el modo de encontrarle su lugar: no hay otra manera. Cuando logras darle ese espacio y compartirlo con otros/as deja de convertirse en sufrimiento, de vivirse en soledad y comienzas a sentir alivio y encontrar el modo natural de ayudarte a sanar.

¿Qué es aquello sobre el duelo que crees que la gente no siempre entiende?

Que no es lineal. Que no sigue un orden. Que no responde a lo que uno espera ni a lo que los demás entienden como “normal” o cómo debería vivirse.

El duelo tiene vida propia. Marca su propio ritmo. No hay atajos. Y no se trata de olvidar ni de superar la pérdida, sino de aprender a convivir con la ausencia sin que el dolor lo ocupe todo. Y eso lleva su tiempo. No se puede forzar y está bien que así sea.

Forma de acompañar

¿Cómo acompañas a alguien que no sabe ni por dónde empezar?

Quitando la idea de que tiene que saber hacerlo o poder con todo él/ella solo/a. No hace falta saber por dónde empezar. Lo primero es parar. Entender qué está pasando. Y crear un espacio confiable y seguro donde pueda expresarse sin filtros, sin miedo y libre de apariencias, incluso, cuando ni siquiera sabe cómo hacerlo.

Desde ahí, poco a poco, se va construyendo una forma de sostener lo que le ocurre sin sentirse desbordado/a dando sentido a lo que está viviendo y sintiéndose acompañado/a de verdad.

¿Qué significa para ti “acompañar” de verdad?

Estar. Pero estar de verdad. Con presencia, con silencio, con escucha y desde la aceptación del/la otro/a. También cuando el dolor incomoda, cuando no hay respuestas o cuando lo que aparece es difícil de sostener. Acompañar es no retirarse en esos momentos estando donde hace falta estar.

Es dar sostén sin invadir, sin querer rescatar, respetar sin dirigir y tolerar la incertidumbre sin necesidad de resolverla. Y hacerlo desde un lugar auténtico y honesto donde se haga todo lo posible por permanecer junto a la otra persona cuando la vulnerabilidad emerge con mayor intensidad, por encima de todo con cariño, mucho cariño.

Mirada humana

¿Qué crees que todos necesitamos cuando estamos rotos?

No sentirnos solos/as. Ser vistos y no sentirnos invisibles a los ojos de otro/a. Pero con el añadido de algo más: en compañía de alguien que pueda sostener lo que está pasando sin asustarse y haciendo del silencio y la escucha sus mejores aliados. Que, en muchos momentos, alguien pueda creer por nosotros cuando nosotros no podemos hacerlo marca la diferencia.

Y algo imprescindible: encontrar el modo de abrir espacio a la esperanza.

¿Qué te gustaría que las personas sintieran después de estar contigo?

Me gustaría que se llevaran, ante todo, una sensación de alivio a partir de la que poder respirar un poco más profundo y ligero, sintiendo que su vida importa. Que entienden mejor lo que les está pasando. Que cuentan con mayor claridad y que no necesitan tenerlo todo resuelto para poder seguir adelante. Si algo me importa, es que salgan con la sensación de que pueden manejar lo que están viviendo, paso a paso, sin exigirse más de lo que pueden dar en ese momento. Y que, aunque ahora no lo vean, hay otras formas de avanzar sin quedarse atrapados en el dolor.

Pero si hay algo que desearía que sintieran es un ápice de esperanza que les permita volver a abrirse camino y volver a ponerse en marcha.

Detalles íntimos

¿Qué te sostiene a ti?

Las personas. Los vínculos seguros y honestos que están incluso cuando no hace falta decir nada. Yo misma y mi capacidad de parar, de mirar hacia dentro y de entender lo que me pasa, aunque a veces duela. Sé que poseo una fortaleza interior que no siempre veo, pero que aparece cuando más la necesito.

Y luego están todas aquellas cosas que me ayudan a volver a mí: la música —que ocupa un lugar que nada más puede ocupar—, hacer deporte, pasear, viajar, escribir, comunicar, una buena conversación, leer, una peli, una serie, unas risas, mi alegría, el amor… Todo lo que me mantiene conectada con la vida y encontrando el sentido a lo que hago. Porque, al final, eso también me sostiene: mis ganas de seguir, de entender, de crecer… y de no quedarme parada, quieta o inmóvil.

¿Qué te gustaría que alguien te hubiera dicho en un momento difícil?

Que no tenía que poder con todo. Que todo iría bien (aunque no fuese verdad o mi sensación fuese bien distinta). Que lo que estaba sintiendo tenía sentido, aunque doliera tanto y no me permitiese ver más allá. Que no estaba sola, aunque así lo sintiera. Y que, incluso en medio de todo eso, había una parte de mí que iba a saber cómo atravesarlo.

Pero también tengo que decir que, a veces, prefiero que no se me diga nada y se me dé un abrazo de los que envuelven, arropan y reconfortan sin necesidad de palabras, en mitad de mis lágrimas compartidas.

Si pudieras regalarle una sola idea a alguien que acaba de perder a un ser querido por suicidio, ¿qué sería?

Que el dolor que está sintiendo puede ser inmenso, complejo y muy difícil de sostener. Y que, probablemente, ahora mismo nada parezca suficiente para aliviarlo o encontrar consuelo. Pero que no se aísle ni tampoco lo viva en soledad. Hablar es prevenir. Apoyarse en otros/as aligera el peso y, aún más, la carga, incluso cuando no se tienen las palabras o no se sabe cómo hacerlo. Que haga su duelo a su manera, haciendo lo que sea mejor para sí mismo/a y no necesariamente para los demás. Que se tome su tiempo, que no se precipite.

Y que mantenga la esperanza porque, aunque ahora no sea posible verlo, encontrará la fuerza, encontrará su nuevo camino y, sobre todo, su particular modo de lidiar con el sufrimiento haciendo que su dolor y su tristeza sean sostenibles, sin dejar de honrar la memoria de tu ser querido.

Gracias por estar al otro lado.

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