Grupos terapéuticos de duelo general y por muerte por suicidio.
No tienes que atravesar el duelo en soledad.
Acompañamiento grupal para personas que han perdido a un ser querido y necesitan recuperar
calma, sentido y apoyo real, sin sentirse juzgadas.
Qué es Hiloos de vida.
Hiloos de vida es un programa de acompañamiento grupal para personas que han experimentado la pérdida de un ser querido.
El nombre hace referencia a una idea sencilla y profunda: cada vida deja huellas invisibles que permanecen en quienes continúan su camino. Los vínculos no desaparecen. Se transforman. Y pueden encontrar nuevas formas de significado a lo largo del proceso de duelo.
Ofrecemos grupos terapéuticos donde no estás solo. Donde puedes poner palabras a lo que duele, sentirte comprendido y recuperar progresivamente la conexión con la vida.
Hiloos de vida es:
- Espacio humano, seguro y confidencial.
- Guiado por profesionales sanitarios especializados en duelo.
- Donde compartes solo si lo necesitas.
- Con personas que están pasando lo mismo que tú.

Estos grupos terapéuticos son para ti si...
Quizás te sientas así:
- Sientes un vacío que los demás no terminan de entender.
- Te cuesta hablar de lo que has vivido.
- Hay días en los que todo pesa demasiado.
- Te sientes solo/a incluso estando acompañado/a.
- No sabes cómo seguir adelante.
Si te reconoces en esto, no hay nada “mal” en ti. Estás atravesando un proceso que necesita ser acompañado.
En Hiloos de vida encontrarás un acompañamiento grupal donde podrás:
- Expresar lo que sientes sin miedo.
- Escuchar a otras personas que están viviendo algo similar.
- Dar sentido a lo que estás atravesando.
- Avanzar poco a poco, a tu ritmo.
Porque hay espacios donde lo que sientes ya se entiende.

Un espacio donde podersostenertu proceso de duelo.
Dos tipos de grupo, un mismo propósito.
No todos los duelos son iguales. La pérdida de un ser querido por suicidio tiene preguntas, silencios y dolores que otros duelos no siempre comprenden. Por eso hemos creado dos espacios diferenciados. Ambos son grupos terapéuticos seguros. Ambos están facilitados por profesionales. Pero cada uno está pensado para un tipo de experiencia. Elige el que sientes más cerca de lo que necesitas.
Grupos terapéuticos de duelo general.

Acompañamiento psicológico en un entorno grupal seguro para personas que han perdido a un ser querido por cualquier causa. Se abordan todo tipo de pérdidas: parejas, hijos, padres, amigos, etc.
Grupos de duelo por muerte por suicidio.

Abordaje especializado para un proceso de duelo complejo con características específicas: culpa, rabia, estigma, preguntas sin respuestas, etc. Dirigido a personas que han perdido a un ser querido por suicidio.
Beneficios de los grupos terapéuticos.
En un grupo de Hiloos de vida encontrarás un espacio psicológico seguro donde:
- Hablar sin miedo al juicio. Lo que compartes se queda aquí. Nadie te va a señalar ni a decirte cómo deberías sentirte.
- Dar nombre a lo que duele. A veces las emociones no tienen palabras. El grupo te ayuda a encontrarlas, a tu ritmo.
- Entender tus propias reacciones. Esas emociones que te desbordan o te paralizan empiezan a tener sentido cuando las miras acompañado.
- Dejar de sentirte raro o roto. Escuchar a otros que sienten lo mismo que tú normaliza lo que estás viviendo. No estás loco. Estás de duelo.
- Salir del aislamiento. El grupo te devuelve a la experiencia compartida. Lo que parecía solo tuyo se vuelve habitable cuando otros también lo habitan.
- Aprender nuevas formas seguir e integrar la pérdida. El grupo te muestra recursos que quizá no habías visto.
- Avanzar sin prisas. No hay un calendario del duelo. Aquí se respeta tu tiempo, tus silencios y tus formas.

En Hiloos de vida, tu dolorse escuchase nombrase acompañadesde el principio.
¿Y si no estoy seguro de si esto es para mí?
Muchas personas llegan aquí sintiendo que su dolor es demasiado grande o demasiado íntimo para compartirlo. Es algo normal.
Por eso ofrecemos una entrevista inicial sin compromiso donde puedes conocernos mejor, hacer todas las preguntas que necesites y decidir con calma. No estás obligado a quedarte.
Solo te animamos a dar un primer paso.
¿Cómo funciona? Así es el proceso.
Primer contacto
Hablamos contigo para entender tu situación y ver si este espacio es adecuado para ti
Te incorporas al grupo
Te unes a un grupo reducido de personas en un entorno seguro y confidencial.
Acompañamiento guiado
Sesiones estructuradas donde podrás compartir, escuchar y avanzar en tu proceso.
Evolución personal
Poco a poco, irás encontrando más calma, comprensión y recursos internos.
Testimonios
Cada persona teje su propio hilo. Pero cuando compartes el dolor, el tejido se vuelve más fuerte.
Los siguientes testimonios son reales. Los nombres se han cambiado para proteger la privacidad de los participantes.
Cuando murió mi hijo, el mundo se empequeñeció hasta convertirse en mi propia casa. Mis amigos no sabían qué decirme. Yo tampoco quería que me dijeran nada. Llegué al grupo porque mi terapeuta me insistió. Las primeras sesiones solo escuchaba. Una noche, otra madre contó exactamente lo que yo sentía. Lloramos juntas. Fue la primera vez que sentí que no estaba loca.
Perdí a mi pareja hace dos años. Durante el primer año no podía ni decirlo: "suicidio". Me parecía una palabra demasiado grande, demasiado sucia. En el grupo, por primera vez, alguien dijo esa palabra delante de mí y no me derrumbé. Al contrario. Me sentí menos sola. Sigo sin entenderlo del todo, pero he dejado de castigarme por no entenderlo.
Mi hermano pequeño se quitó la vida con 23 años. Yo me quedé con un nudo en el pecho que no se iba con nada. En el grupo descubrí que la rabia también es parte del duelo. Rabia con él, conmigo, con el mundo. Nadie me dijo que esa rabia estaba mal. Simplemente la acompañaron. Ahora ese nudo es más pequeño. No ha desaparecido, pero ya no me impide respirar.
Mi madre murió después de una larga enfermedad. Yo pensaba que ya había hecho el duelo durante esos años. Pero cuando realmente se fue, me hundí. En el grupo aprendí que el duelo no empieza cuando la persona muere. A veces empieza antes. Y a veces no termina nunca.
No era mi familia. Era mi mejor amigo. Y cuando se suicidó, todo el mundo me decía "cuídate", pero nadie entendía por qué yo estaba tan mal si "solo era un amigo". En el grupo nadie me dijo eso. Allí entendí que el vínculo importa, no el parentesco. Pude llorarlo sin tener que justificarme.
Llevaba 35 años con él. Cuando murió, mi vida entera se volvió un agujero. No sabía quién era sin él. En el grupo conocí a una señora que había perdido a su marido hacía diez años. Me dijo: "El dolor no se va del todo, pero aprendes a llevar la mochila con otras fuerzas". Esa frase me sigue sosteniendo hoy.
No tenía buena relación con mi padre. Cuando murió, sentí más alivio que tristeza. Y eso me hizo sentir culpable. En el grupo entendí que no hay una sola forma de querer, ni una sola forma de llorar. A veces el duelo es también despedirte de lo que nunca tuviste. Eso también duele. Y también merece un espacio.
Mi madre siempre había estado triste. Pero no imaginé que terminaría así. Durante meses sentí que tendría que haber visto las señales. En el grupo escuché a otras personas decir exactamente lo mismo. Me di cuenta de que el suicidio no es culpa de nadie. Y que mi madre no quería hacerme daño. Solo quería dejar de sufrir.
Mi hija tenía 16 años. Un día se fue y no volvió. No hubo carta. No hubo señales claras. Solo un silencio que no he podido llenar. El grupo fue el único lugar donde pude decir "estoy enfadada con ella" sin que nadie me mirara mal. Porque sí, también hay enfado. Y también hay amor. Las dos cosas pueden estar juntas.
No tienes que poder con todo ahora.
Dar el primer paso no significa tenerlo todo claro. Solo significa dejar de hacerlo en soledad.
El duelo puede aislarte. Hacerte creer que nadie entiende lo que sientes. Que tu dolor es demasiado grande o demasiado extraño. No es cierto. Hay otras personas que han pasado por lo mismo. Y un espacio donde puedes encontrarlas. Hiloos de vida existe para eso, y nace desde la comprensión profunda del duelo y la necesidad de no atravesarlo en soledad.
